Latitudina

VIAJES & VIDA

Las fotografías no te cuentan toda la historia…

Instantánea: J. Svidras en Pixabay

Vivimos en una sociedad —y sobre todo en redes sociales— que nos muestra una realidad que pocas veces es la realidad de la mayoría. Vemos fotos perfectas, videos perfectos, lugares perfectos. Pero la lectura que solemos hacer es errónea: en la vida, lo perfecto difícilmente es real.

Nos hemos acostumbrado tanto a las redes y a la vida que muestran otros, que terminamos creyendo que así debe verse una experiencia auténtica. Y no hay nada más lejos de la verdad.

Lo he visto de primera mano: en París, observé a chicas tomándose fotos sonrientes para Instagram, pero cuando apagaban la cámara su expresión cambiaba. Esa sonrisa deslumbrante daba paso a una profunda seriedad, incluso aburrimiento. Sin embargo, sus seguidores, amigos o familiares nunca veían ese otro lado de la postal.

Desde mi experiencia personal, las fotos o los videos rara vez le hacen justicia a lo que realmente vivimos cuando viajamos o incluso en lo cotidiano. Claro, me encanta tomar fotos lindas —y si vieras mi cuenta personal de Instagram, entenderías—, pero he aprendido que eso refleja apenas una parte diminuta de la experiencia.

Como seres humanos, buscamos reconocimiento y queremos mostrar lo mejor de nosotros, pero eso representa solo una fracción de la vida. El riesgo está en confundir la apariencia con la realidad, creyendo que la vida de los demás es tan perfecta como parece.

La obsesión por el encuadre perfecto

En 2018, el metabuscador de viajes Kayak realizó un estudio en Reino Unido y descubrió que: 

“En promedio, los británicos toman 21 fotos al día durante las vacaciones.Los jóvenes de entre 18 y 24 años llegan a tomar unas 51 fotos diarias, lo que suma más de 350 en un descanso de siete días”

Han pasado varios años desde ese estudio —más de ocho—, y aunque las cifras seguramente varían según la región, ya mostraban una tendencia clara.

Amo profundamente la fotografía. He tomado cursos, me considero una persona con buen ojo y la admiro como arte. No quiero decir que esté mal capturar recuerdos; solo quiero recordar que es un fragmento, un pequeño reflejo del viaje o del momento vivido.

Un estudio de la profesora de psicología de la Universidad de Fairfield descubrió que:

Sacar fotos podría limitar nuestra capacidad de recordar detalles de ese momento fotografiado más tarde, probablemente debido al esfuerzo que hacemos tomando demasiadas fotos.”

Y creo que eso respalda lo que muchos hemos sentido: a veces nos desconectamos e incluso olvidamos momentos intentando capturarlos.

Mis recuerdos más valiosos no tienen pixeles

En mi caso, las experiencias que guardo con más cariño rara vez quedaron registradas en una cámara:

  • La primera vez que vi el mar,
  • La primera vez que vi la Torre Eiffel,
  • La sensación de viajar en avión por primera vez,
  • El asombro al pisar lugares que nunca imaginé,
  • Las expresiones espontáneas al probar sabores nuevos.

Y muchos más…

Considero que, en nuestro día a día, todo está en el equilibrio: comprender que es importante coleccionar algunos recuerdos, pero también disfrutar los momentos. Todas las monedas tienen dos caras, y es vital no quedarnos viendo solo la más reluciente.

Los viajes —y la vida misma— son una gran aventura: con subidas y bajadas, con alegría y con retos. Hay una frase que escuché recientemente: “Siempre creemos que el pasto del vecino es más verde”, pero desconocemos las emociones, historias o contextos que hay detrás.

¿Cómo estar más conectado(a) al presente?

Si te gustaría vivir tus próximas aventuras de forma más consciente y con menos pantallas, aquí te comparto algunas ideas:

  • Limita tu tiempo para las fotografías. Está bien querer capturar lo bonito, pero date un espacio razonable para hacerlo y luego suelta la cámara.
  • Vive a través de los sentidos. Observa, huele, escucha, saborea, toca. Deja que tu cuerpo sea quien capture el recuerdo.
  • Planea momentos sin fotografías. Dedica tiempo a ti, a tu pareja o a tus amigos. Vive y disfruta sin necesidad de documentar todo.

Recuerda que la mejor resolución siempre será la de tus fotos mentales.

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